domingo, noviembre 19, 2006

¿Sirve un politólogo en la campaña electoral de un ayuntamiento?



Un alcalde al que ofrecí asesoramiento para su campaña electoral, me respondió amablemente, que primero él no tenía recursos económicos para esos menesteres; segundo, que la campaña la llevaban desde el partido provincial y tercero que cuando faltaba poco para las elecciones, apenas gastaba repartiendo caramelos e impriendo algún volante.
Viendo su historia de reelecciones, el hecho que su ayuntamiento no era mencionado en ninguno de los escándalos urbanísticos y lo pequeño del ayuntamiento: apenas 6000 habitantes, un gobierno así es muy difícil que sea derrotado.
Por otra parte en esos pueblos las tramas familiares, de amigos y económicas, le permite a un alcalde sensar la situación, sin necesidad de artefactos modernos como los sondeos de opinión o contratar politólogos.

La hegemonía política del que gobierna un ayuntamiento de seis mil habitantes, resulta difícil para el adversario de desbancar. Las cartas suelen estar echadas ya un año antes de las elecciones. Por otra parte las promesas electorales suelen ser muy concretas y van desde llevar luminarias a una barriada, agua a otro y esmerarse en las fiestas del pueblo. La gente ya está votando cuando ve la promesa cumplida. Por tal motivo los votos de las pedanías suelen variar de los de ciudades, donde la demanda de la gente es más compleja y variada y ya no basta con brindarle uno o más servicios. Algo de la pirámide de Maslow puede explicar en parte estas conductas distintas del voto urbano con el voto del campo. Por otra parte la gente de las concentraciones urbanas está mas al tanto de las políticas provinciales y nacionales, suelen leer el periódico y escuchar los noticieros, y por lo tanto están mas influidos por lo que pasa con la política más allá de su caldera del diablo.

La inercia electoral es imparable a menos que factores antinaturales, extremadamente accidentales o muy poderosos cambien el rumbo del comportamiento electoral de la gente. Es como un aerolito acercándosé a la tierra y para pararlo no basta con arrojarle un explosivo, es necesario que el explosivo penetre a sus entrañas y bum. El 11 m fue un misil arrojado al vientre de los electores; ni se me ocurre pensar que fue una maniobra política del PSOE, puede que haya sido utilizado luego políticamente y está claro que fue una comunicación política del terrorismo islámico al Señor Aznar, pero ese es otro post.

De todos modos hay dos cosas que un politólogo podría hacer en un equipo de campaña, por un lado mejorar el triunfo, ganar en alguna pedanía donde siempre se pierde. Es decir que si hago un mapa político de mi ayuntamiento descubriré que aún siendo hegemónico, no lo soy en todas partes y entonces trabajar mas sistemáticamente esos territorios.
Esta idea suena un lujo, cuando alguien sabe que de todos modos va a ganar y entonces está la oposición, los que esperan su oportunidad para irrumpir en el campo de juego. Pero normalmente lo que nos podemos encontrar es con un equipo de campaña que carece de un diagnóstico imparcial de la situación, de que avanzan a una tragedia. Tiene a su alrededor familiares, partidarios y aduladores que les dicen que sigan adelante, que al alcalde no lo quiere nadie. Ellos andan con anteojeras y así les irá.

Como decía el maestro: "El que tenga oidos para oir, que oiga."

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